Chorros de agua brotaron con violencia desde el alcantarillado e impactaron la ciudad de Nagoya, luego de que un episodio de lluvias torrenciales colapsara por completo la red de drenaje urbano en el centro de Japón.
El fenómeno, calificado por testigos como una serie de “géiseres urbanos”, se desató cuando la extrema presión dentro de las tuberías subterráneas expulsó las pesadas tapas de hierro, proyectando grandes volúmenes de agua a varios metros de altura en pleno corazón de la cuarta metrópoli más poblada del país.
La emergencia comenzó tras registrarse una acumulación de 219,5 milímetros de precipitación durante la jornada del 8 de septiembre, según reportes de la Agencia Meteorológica de Japón (JMA).
El momento más crítico ocurrió cuando cayeron 104,5 milímetros de lluvia en tan solo una hora, una intensidad formidable que equivale a casi el 45 % de toda la lluvia que Nagoya recibe habitualmente a lo largo de un mes de septiembre completo.
Esta descomunal cantidad de agua en un margen de tiempo tan estrecho superó de inmediato la capacidad de absorción de la infraestructura municipal.
En pocos minutos, las principales avenidas quedaron convertidas en caudalosos ríos que arrastraron escombros y dejaron decenas de automóviles varados en medio de la corriente.
La crecida repentina de los ríos locales amenazó sectores residenciales y dificultó por completo el tránsito peatonal y vehicular en amplias zonas del área metropolitana.